LAS CINCO PRIMERAS NOCHES

Las cinco primeras noches fueron de total diversión y experimentación para Allan. Después de todo tenía que adaptarse a su nuevo ambiente, al nuevo territorio y sobre todo a las nuevas actividades que en la Luna se pueden realizar: observar, imaginar, crear, meditar y caminar.
Recorrió cada uno de los cráteres de la Luna descubriendo lo que le ofrecían. Gradualmente fue dominando la caminata lunar (si, como todo buen fan de Michael Jackson ya lo había intentado en casa sin éxito) y los trucos para dar pasos de más veinte metros.
Descubrió que hay cráteres emocionales, vivenciales y naturales. Los primeros son pequeños, generalmente profundos (al meterse en ellos le cubren hasta treinta centímetros arriba de la cintura) y desde los cuales al observar la tierra puede descubrir los sentimientos y las emociones que alguien está viviendo.
Los cráteres vivenciales son un poco más anchos y le llegan a la cintura. En ellos puede ver situaciones de vida concretas: anécdotas y pequeñas historias que bien podrían ser cortometrajes. De hecho, a esos cráteres va cuando se le antoja ver algo entretenido. Es como ir al teatro.
El tercer tipo de cráteres, los naturales, son bastante interesantes: muestran la maravilla de la creación. La fastuosidad del reino animal y vegetal, la perfección de la naturaleza y las formas que tiene la vida en el planeta. Aunque también muestran el lado agresivo, destructivo e imbatible de los fenómenos naturales.
Además, ya descubrió la versatilidad de los orificios de la Luna: por ejemplo, en los vivenciales si inclina la cabeza hacia el lado derecho puede ver la historia desde el punto de vista de uno del protagonista, pero si la inclina hacia la izquierda verá la perspectiva del antagonista. Y así con cada uno de los cráteres.
Respecto a las zonas de la Luna, Allan ya trazó una especie de “mapa” en el que ha coordinado las áreas que debe visitar en la Luna dependiendo del lugar del planeta que quiera ver. Esto le costó trabajo, pues aunque México le quedaba casi enfrente… no comprendía la distribución del espacio terrestre en la Tierra. Además de que Allan es algo malo para la geografía mundial.
Finalmente, en estas primeras cinco noches, Allan no ha pensado en nada de lo que dejó en la Tierra. Obviamente todo lo que ha descubierto lo ha hecho pensar en su familia, sus amigos y todo lo que le importa de su vida, pero ha sido mayor la emoción por descubrir los secretos de la Luna, que por recordar lo que quizá haya perdido por haber salido de la Tierra, aunque lo haya hecho de manera involuntaria.
Lo que es digno de mencionar es la enorme sonrisa que ha tenido todos estos días. Hay un brillo en sus ojos totalmente diferente. Y es que cuando vivía en la Tierra, sus ojos brillaban al pensar en la mujer de su vida mientras veía la luna, quien con su luz le daba un brillo mágico y misterioso a su mirada. Pero ahora está en la Luna… y al ir descubriendo sus secretos… sus ojos brillan con el azul resplandor del planeta más divertido de este sistema solar.


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