miércoles, mayo 10, 2006

EL AMANECER DEL DIEZ DE MAYO.

El tiempo en la Luna es algo extraño. En la Tierra hay días y noches… incluso hay días en los que la Luna se alcanza a ver a pesar de que el sol no se ha ocultado, pero en la Luna no es así. Si tienes sueño, corres al lado oscuro de la luna y te duermes sin importar la hora.

Allan se despertó y recordó que la noche en que miraba el techo de su habitación era 5 de mayo. Y si ya llevaba cinco noches en la Luna…estaba a punto de salir el sol del día 10 de mayo.

- ¡¡¡¡MADRES!!!! ¡¡¡HOY ES SU DÍA!!!! - gritó emocionado.

De inmediato se puso de pie y corrió al cráter desde el cual podía ver su casa. Su mamá aún estaba dormida. Eran aproximadamente las 5 am (tiempo terrestre). Al verla dormida no pudo evitar sonreír.

Acercó su boca a un pequeño orificio dentro del cráter desde el cual observaba a su mamá… y comenzó a hablarle:

“Mamá, solo quise entrar a tus sueños para decirte lo orgulloso que estoy de ti. Sabemos que no hay ser humano perfecto y por lo tanto no puede haber ni madres… ni hijos… perfectos…. Pero ahora se que en todo el planeta no hay una mujer que podría ser tan buena madre para mi, como tú. Te amo completamente y si estoy en la Luna es por que tú (junto con mi papá), alguna vez me hiciste creer en los sueños, me diste alas para volar y la seguridad de saber que en mi casa tengo a un ángel que siempre me cuidará, me mirará con ternura y me dirá: “Ay Allan… estás loco”. Ahora es tiempo de despertarse…”

Y sopló un beso dulce, tierno, suave. Al instante en que el beso llegó a la Tierra, Griss abrió los ojos y con una sonrisa miró al cielo, donde pudo mirar la luna segundos antes de que el sol apareciera.

No cabe duda que la Luna tiene un suave aire maternal que cobija a los hombres y vela sus sueños.