jueves, mayo 11, 2006

LA MÚSICA EN EL ESPACIO


Durante sus caminatas por la luna, o mientras observa la Tierra, Allan ha extrañado algo que en su hogar disfrutaba mucho: la presencia de la música. Por momentos se ha puesto a chiflar melodías que acompañan su estado de ánimo, pero no es lo mismo.

Una tarde se le ocurrió que, si había cráteres en los que podía ver lo que pasaba en la Tierra, debería haber cráteres con los cuales se podría escuchar.

Mientras caminaba en busca de algún cráter que diera señales de ser un canal auditivo o algo parecido, descubrió que en el piso existían algunos surcos… similares a las branquias de un pez… eran como si la superficie lunar se levantara un poco para dejar abierta una pequeña ventana de ventilación o algo así.

Vio entonces que esas pequeñas y casi imperceptibles formaciones estaban colocadas en puntos estratégicos, pues casi siempre quedaban entre un cráter y otro, apuntando en todas direcciones.

Allan volteó a ver la Tierra, estaba a punto de anochecer en el lado americano. Supuso que quizá en México serían las 6:45 de la tarde, hora en la que muchas playas muestran los paisajes más impresionantes al caer el sol y ver llegar a la Luna.

Regresó su mirada a las formaciones en el piso…. Y entonces se recostó en un cráter que lo hizo ver la Tierra… acercándose más y más, lentamente…. De pronto, de una de las formaciones del piso comenzó a emanar un sonido como de eco… como el que se escucha al ir entrando a una cueva oscura y grande.

Corrió entonces hacia las estructuras del piso y se agachó para escuchar mejor, descubriendo que en verdad era el sonido de una guitarra eléctrica. Con sus manos cubrió la formación lunar y dio un fuerte soplido para inyectar aire a esa especie de conducto…. Y entonces el sonido se escuchó un poco más fuerte. Sopló nuevamente aunque ahora con más fuerza…. Y el sonido reaccionó de igual manera. El sonido de la guitarra, claro y potente, era ahora acompañada por un piano.

Allan regresó al cráter para recostarse y escuchar aquel sonido. Entonces comenzó el espectáculo:

Era como si la Luna se estuviera acercando a toda velocidad a la Tierra…de hecho la música parecía acompañar las escenas que se iban formando: el planeta azul crecía ante él. La música creaba un ambiente indescriptible, como si fuera el preludio a una maravilla por venir. Fue entonces cuando ocurrió una experiencia mágica: su mirada cruzó las nubes, penetrando la atmósfera terrestre. Cerró un poco sus ojos ante el intenso brillo de las nubes.

Allan abrió los ojos para ver el espectáculo que le ofrecía de nueva cuenta su planeta, pero también al comenzar a identificar el sonido que escuchaba… su corazón se aceleró.

Como si flotara sobre el planeta a una altura increíblemente alta, Allan comenzó a ver a los ríos como pequeños hilos de agua que alimentan a la tierra; Estaba comenzando a anochecer y la luz de la luna comenzaba a crear bellos contrastes en el color de la realidad terrestre. Allan se encontraba maravillado.

La noche se aceleró y cubrió de esa azul oscuridad a la zona americana del planeta. La tierra comenzó a recobrar forma separándose de los mares cuando pequeños puntos de luz comenzaron a encenderse… dibujando en la noche el mapa de la humanidad. Allan no pudo contenerse y con voz suave pero emocionada siguió la letra de la canción que lo envolvía: “Oh you look so beautiful tonight… In the city of blinding lights”

Y entonces un par de lágrimas emocionadas brotaron de sus ojos como si quisieran ver en vivo, desde la luna, ese espectáculo. “En la Luna no podía faltar la música” pensó al tiempo que imaginaba todos los cantantes, músicos y autores que han inspirado sus ideas y sus melodías en el sitio en que ahora se encontraba.

La música también alimenta el espíritu… lo hace vibrar y lo hace elevarse. Por eso es verdad que la música que escucha cada persona te puede decir lo que hay en su interior.

Poco a poco la visión de la Tierra comenzó a alejarse, como si la Luna estuviera ahora retrocediendo. La canción terminaba y nuevamente Allan cruzaba las nubes, saliendo de la atmósfera…. El piano indicaba que se acercaba el final de la experiencia. Allan cerró fuertemente sus ojos y repitió una estrofa de la canción que lo había hecho viajar de nuevo a la Tierra: “Time… time… Won’t leave me as I am…But time won’t take the boy out of this man”

Cuando la música terminó Allan abrió los ojos y vio que estaba en la Luna, recostado en un cráter… como si nada hubiera pasado. Se puso de pie… y se fue a dormir. En su alma había tranquilidad. Y esa es la grandeza de la música.