CUANDO TODO CAMBIÓ
Este fue el momento a partir del cual la estancia de Allan en la Luna cambió totalmente, adquiriendo una nueva dimensión emocional. Desde este momento, Allan finalmente se convertía en un auténtico habitante de la Luna y como tal se decidía a vivir: explorando la fuerza del romanticismo lunar.
Mi papel como narrador terminó, al menos por el momento. Allan ha comenzado a vivir, a crear y a provocar sus propias historias. Misión perpetua de todo aquel que algún día habite este lugar.

Abrí los ojos suavemente, quizá queriendo hacer más suave el paso del mundo de los sueños a la realidad (aunque en este momento mi realidad sea de ensueño). Repetí mi frase de inicio: “Aquí vamos, en vivo desde la Luna…” y me puse de pie.
Me sentía un tanto diferente, quizá por que había tenido un sueño maravilloso me encontraba muy tranquilo y relajado. Una sonrisa invadió mi rostro al pensar “¡Estoy en la luna!”… y recordé aquellas noches que en la intimidad de mi habitación la contemplaba, como queriendo encontrar alguna señal o un reflejo de alguna mirada.
Recordé que desde hace muchos años me declaré amante de la Luna, fanático de sus misterios y de sus encantos. Un admirador cautivo de su belleza, su luz y su magia. La convertí en mi centro de inspiración y en mi más intima compañera. La Luna pasó a ser parte de mi vida pues era cómplice y amiga, testigo y guardián de mis más profundos anhelos.
Y es que en realidad todo lo que la Luna significaba para mi era simplemente una escena… una escena de un sueño… El sueño de algún día finalmente encontrarte.
Mi papel como narrador terminó, al menos por el momento. Allan ha comenzado a vivir, a crear y a provocar sus propias historias. Misión perpetua de todo aquel que algún día habite este lugar.

Abrí los ojos suavemente, quizá queriendo hacer más suave el paso del mundo de los sueños a la realidad (aunque en este momento mi realidad sea de ensueño). Repetí mi frase de inicio: “Aquí vamos, en vivo desde la Luna…” y me puse de pie.
Me sentía un tanto diferente, quizá por que había tenido un sueño maravilloso me encontraba muy tranquilo y relajado. Una sonrisa invadió mi rostro al pensar “¡Estoy en la luna!”… y recordé aquellas noches que en la intimidad de mi habitación la contemplaba, como queriendo encontrar alguna señal o un reflejo de alguna mirada.
Recordé que desde hace muchos años me declaré amante de la Luna, fanático de sus misterios y de sus encantos. Un admirador cautivo de su belleza, su luz y su magia. La convertí en mi centro de inspiración y en mi más intima compañera. La Luna pasó a ser parte de mi vida pues era cómplice y amiga, testigo y guardián de mis más profundos anhelos.
Y es que en realidad todo lo que la Luna significaba para mi era simplemente una escena… una escena de un sueño… El sueño de algún día finalmente encontrarte.


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